Alicia y su hermano Ovidio son bolivianos. Viven en El Alto, una ciudad adyacente a La Paz, la capital de Bolivia. Los dos hermanos habían crecido en un universo lleno de violencia. El papá estaba bajo la influencia del alcohol casi todo el tiempo y cambiaba de novia a cada rato. La mamá no sabia leer ni escribir. Además de las disputas y humillaciones a lo largo del día que recibía la mama, el papá golpea a la mama con o sin motivo. La cuál golpeaba a sus hijos para descargar su ira y la violencia que sufría. « Mi madre era una cholita y tenía todo el tiempo un pequeño látigo en la mano. Estaba allí, en el cinturón de su falda », dijo Alicia. « Al primero de los dos, mi hermano 0 yo, que hacia una pequeña travesura o no le hacía caso recibía un golpe del látigo siempre listo para actuar », continuó Alicia. Así fue a lo largo de su infancia.
A sus 18 años, Alicia y su hermano Juan, sin haber planificado, trataron de poner fin a la violencia entre los papás usando violencia tambien. Un día, mientras estaban cenando, estallo une pelea entre los padres. La mamá lanzo un plato en la cara de su marido que sacaba su cinturón para corregir a su indomable esposa. Al mismo tiempo se levantaron los dos jóvenes hermanos, Alicia agarrando a su mamá contra una pared y su hermano al papá contra otra. En este momento gritaban a sus padres: “¡Basta, Basta de violencia!” y Alicia continuó: “¿Hasta cuándo van a seguir así?”.
Desde ese día Alicia no ha visto u oído a sus padres peleando. Dice que tal vez sus papás se dieron cuenta que sus hijos habían crecido y eran lo suficientemente fuertes por defenderse.

En la universidad, Alicia tuvo que trabajar al mismo tiempo que estudiaba porque sus padres eran pobres y no podían pagar su educación y los otros gastos. Había trabajado durante dos años con una mujer que marco su vida y que nunca olvidaría. Esa mujer era feminista, enseño mucho a Alicia sobre los derechos de la mujer, cómo hacer frente a la violencia hacia las mujeres, cómo luchar contra la violencia, denunciarla y no aceptarla, ya que en ningún caso debería ser parte de las costumbres.

Alicia estudiaba Administración de Empresas en la universidad, mientras trabajaba en una empresa textil y estudiaba diseño de moda y tendencia, más que nada por su trabajo, aprendió a tejer a máquina, para poder supervisar la producción de la Compañía donde ocupaba el cargo de jefe de producción. Además de la supervisión de la producción, Alicia tenía varios roles en la empresa, control de calidad, tejido, costura incluso empaquetar.
A Alicia le gustaba mucho su trabajo, especialmente el ver a las mujeres artesanas luchando cada día para mejorar sus vidas. “yo trabaje con más de 300 mujeres artesanas y me gusta ver cómo estas mujeres se capacitan para mejorar su producción y como luchaban día a día para poder aportar a sus familias económicamente y sobre aportar al empoderamiento de la mujer. Estar en esta empresa no era solo generar ingreso si no lo más valioso para mí fue que se dio oportunidad de trabajo a muchas mujeres y a enseñarles a que ellas ya no sean humilladas y maltratadas por los hombres machistas de Bolivia” dice Alicia.

En el año 2013, la Compañía de Productos de Camélidos « COPROCA S.A» que es una Sociedad Anónima ha cambiado de directorio. En la nueva gestión entro un grupo de hombres con la idea de explotar y maltratar a los empleados especialmente a las mujeres. Alicia sufrió mucho amedrentamiento y discriminación por ser la única mujer que ocupaba un puesto jerárquico en esta empresa. “Fue una lucha muy fuerte”. La nueva directiva buscaba todas las maneras para retirar a Alicia y no pudieron por ser madre con un bebe lactante pero lograron aburrirla de su trabajo. Ya no tenía las mismas ganas de ir a trabajar en este ambiente. “Ya no me sentía contenta en mi trabajo, ya era un castigo para mí”, Así que después de reunirse con su esposo a pensar sobre lo bueno y lo malo decidió dejar su trabajo en 2014. De esa manera podría dedicarse a sus hijos que sufren su ausencia.
                  “Tome esta decisión también porque tenía una familia de 2 varones y una bebe que por mi trabajo los abandone mucho tiempo y veía que esto les hacía daño a mis hijos y hablando con mi esposo decidimos que yo deje de trabajar y me quede por un tiempo con mis hijos”.

Apenas pasaron 4 meses y se dio cuenta que no era posible vivir sin trabajo y que estaba deprimida de estar sin hacer nada y tampoco quería dejar a sus hijos. Le pareció una buena idea tener su propia empresa que le permitiría estar más tiempo con su familia y trabajar al mismo tiempo.

QIPAÑA, es la empresa que creo con la ayuda de su gran amiga Sueca Maria Eld. Le agrada mucho a Alicia trabajar en su empresa donde trabajan solo mujeres en un grupo unido. “Mi empresa es una empresa Social que busca que la mujer tenga oportunidades de superarse y crecer personalmente especialmente si son madres solteras”. QIPAÑA es miembro de MESyCJB “El Movimiento de Economía Solidaria y Comercio Justo de Bolivia”. Un movimiento que beneficia del apoyo del programa Uniterra, y que comparte los mismos valores, políticas y principios de Alicia que siempre quiso ser parte de esa organización.

Alicia siempre soñó con formar una familia, pero tenía miedo. Miedo de sufrir violencia doméstica, por todo lo que vivió como niña, pero también tenia miedo de que sus hijos tengan que vivir en un entorno similar al que ella había vivido en su infancia. Ella se prometió a si misma que se iría con sus hijos a la más mínima señal de violencia de parte de su marido, sin decir nada a nadie.

Los años pasaron y Alicia encontró el amor. Ella que siempre había rechazado esta idea. Tal vez como una forma de protegerse y preservarse porque en la sociedad boliviana la violencia hacia a las mujeres en el hogar, la calle o el trabajo lastimosamente es muy normal. Hoy, vive casada con el amor de su vida. Tiene tres hijos maravillosos. Dos varones y una niña que ya muestra mucho carácter.
Cuando su novio pidio la mano de Alicia para casarse con ella, la mamá con mucho cariño le pidió, a este: “Por favor, no le vas a pegar mucho a mi hija”. Alicia reaccionó diciendo a su madre que no tenía el más mínimo derecho a hacerlo y no lo dejariá de todos modos. La reacción de Alicia no era bienvenida en los ojos de su mamá por qué un hombre que golpea a su esposa o hija es porque la quieren, segun la forma de pensar en Bolivia.
Con una muy buena intención, la mama de Alicia pidió el novio de ella que no le pega mucho, por qué no quería que su hija vuelva a vivir o a sufrir la violencia como sufrió ella. Al mismo tiempo, pidió a su hija de cuidar a su esposo y de obedecerlo siempre. Esto es parte de la cultura y las costumbres, desde la matriz, las mujeres y niñas son objeto de violencia sin que esto implique perturbar a la sociedad boliviana.

Alicia ahora vive una relación pacífica con los altibajos de la vida pero sin violencia. En los momentos más difíciles de su vida, ella sabe que tiene alguien a quien recurrir y confiar. Un marido cariñoso y atento que la apoya y hace que cada día en sus vidas sea mejor que antes para ella y para sus hijos. « Por fin tengo una familia, mi familia libre de violencia », concluyó expresando su felicidad, esto es raro ver en la sociedad boliviana. pero lo logro gracias a la guía de su amiga que le enseño como evitar esto y como reconocer un hombre que no es violento, los cuales son pocos en la sociedad boliviana.

Alicia vive feliz a pesar de su pasado lleno de violencia en la niñez.